El día que Dilbert murió
La evolución del everyman a través de los años y la hostilidad del mundo en internet.
Pensaba que no había manera de superar el cierre del 2025 y en este inicio de año pareciera que el mundo está a unos cuantos días de extinguirse.
Creo que al estar tan presente en internet uno se puede dar cuenta del mal que causa estar leyendo tantas noticias negativas. De repente se convierte en una adicción el estar monitoreando la situación.
Una adicción tan triste como todas, en la que al final del día te quedas meditando sobre todo lo que viste y cuestionas si realmente valió el tiempo.
No niego la importancia de mantenerse informado. Pero hay un punto en el que las noticias dejan de ser noticias y se transforman en hilos de discusión donde unas personas exponen sus puntos de manera hostil y donde otros, como yo, solo damos like, echamos leña al fuego y vemos desde lejos cómo se propaga el incendio.
Uno con la experiencia aprende a identificar cuáles son las cuentas que solo buscan provocar drama, y los benditos botones de Mute o Block hacen maravillas para evitar caer en el conflicto. Aunque confieso que a veces es inevitable y sí dan ganas de participar en el debate, “I’m only flesh and blood” diría Norm Macdonald.
Y de las muchas cuentas de las que siempre escuchaba que causaban ruido, Scott Adams siempre estaba presente, el mismísimo creador de Dilbert.
Hace unos días, de nuevo, Scott Adams apareció en mi feed. Pero en esta ocasión no era por algún comentario que hizo (y la lista de comentarios es inmensa), sucedió que falleció debido a cáncer. Me enteré por una nota del New York Times que comenzaba diciendo:
Sus crónicas de un oficinista corporativo fueron ampliamente distribuidas, hasta que comentarios racistas en su podcast llevaron a periódicos a cortar lazos con él.
Y por fin me puse a considerar todo lo que había leído sobre él:
El creador del personaje más normal del mundo, la representación absoluta del white-collar worker, recordado de por vida por sus comentarios racistas y decisiones cuestionables.
Verdaderamente el reflejo perfecto del nuevo everyman.
Dilbert a través de los años
Nunca había considerado lo influyente que había sido Dilbert hasta que llegué a mi adultez, cuando empecé a formar parte del ambiente laboral de oficina, donde uno aprende a ser agresivo a través de correos y donde se aprende a dominar el arte de solicitar cosas de la manera más grosera y respetuosa posible (al mismo tiempo).
La primera vez que escuché de Dilbert fue hace muchos años gracias a Fox Kids, sabía que lo transmitían en un horario muy noche y asumía que se trataba de una caricatura para adultos de la cual quizás nunca entendería algún chiste. Lo ignoré por completo.
Y mucho tiempo después de que Fox Kids se convirtió en Jetix, también yo cambié y pasé de la adicción por la televisión a la nueva y creciente adicción de Tumblr, donde toda mi generación de prepa estaba presente. Ahí mismo redescubrí a Dilbert a través de parodias, pero de nuevo, seguí ignorando por completo la obra original.
En varios puntos de mi vida siempre había estado ahí presente, pero nunca le había puesto atención al cómic o al autor, hasta que, sin saberlo, comencé a leer sus opiniones en varias plataformas, pues fue de las voces más populares en los medios que frecuentaba.
El descontento de internet
A cualquier plataforma a la que iba siempre escuchaba algo nuevo de Scott Adams, pero es como la situación de algún vecino ruidoso. Es tan frecuente y tan normal todo el desastre que hacen que llega un punto donde ya forma parte del ruido de fondo y simplemente aprendes a ignorar.
Siempre veía su foto posando con Dilbert, su creación, en conjunto con su comentario reprobable del día.
Recuerdo cómo desde el 2015, con todo el tiempo libre que permite una oficina, me ponía a leer noticias y seguía con atención todo lo que sucedía en Estados Unidos. Recuerdo cómo observaba la evolución del movimiento Black Lives Matter, recuerdo el caos con las elecciones en las que ganó Trump y recuerdo todo el conflicto recurrente sobre la regulación de armas.
Al estar tan presente en redes pude observar la discusión de cada tema desarrollándose en tiempo real, y lo malo de eso es que uno puede exponerse a los peores comentarios que incitan al conflicto.
Muchas fueron las voces que se desarrollaron en ese tiempo y que se establecieron como los mayores exponentes del alt-right, entre ellos, Scott Adams. En su gran mayoría compartían un mensaje nacionalista con la frase: “It’s okay to be white”.
Pienso que muchos pudimos observar esta evolución desde hace muchos años. Todos sabemos que internet está lleno de gente que le gusta llevar la contraria de todo. Te puedes topar con la publicación más positiva, donde ves una fila de 10 carros esperando a que unos patitos crucen la calle y siempre habrá comentarios donde cuestionan:
Si los patos merecen el mismo privilegio que un peatón humano
Si vale la pena causar tráfico por darle prioridad a una minoría
Si es moralmente correcto atropellar patos por el bien del tránsito local
Esto es algo histórico y siempre presente en internet. De hecho, todavía quedan discusiones en foros viejísimos de videojuegos (de 1997, después de que yo naciera) y la realidad es que no hemos cambiado. Aunque suene absurdo, las discusiones de aquel entonces, sobre la rivalidad entre Nintendo y Sony, crearon las bases para nuestra comunicación digital.
El problema es que este discurso de llevar la contraria ha evolucionado de manera tan radical que ya ha superado los límites digitales y se ha convertido en algo más grande y complejo. El mismo espíritu apático, individualista y grosero de la cultura edgy ya es algo común en las casas, en las escuelas y en las oficinas.
Descanse en paz Dilbert
Creo que se puede afirmar que muchas personas nos dejamos llevar con facilidad ante tantos discursos en muchas plataformas. Quizás al final todos queremos pertenecer a un grupo o algo más grande.
La evolución de la gente común (de vuelta al everyman) ha sido tan gradual y tan agresiva a lo largo de tantos años.
El ambiente de oficina que me tocó vivir no es el mismo ambiente inocente y sarcástico que Dilbert llegó a describir. Fue un ambiente que me dio tanta oportunidad de intoxicarme con demasiado comentario negativo. El tiempo muerto en oficina te permite eso y es irónico que Scott Adams haya pasado por lo mismo.
Dilbert no murió en el momento en que Scott Adams falleció, de hecho murió tiempo atrás. Cuando el hombre de oficina pasó de una actitud pasiva a una forma muy activa, abiertamente racista y violento en internet y en las calles.




