Tijuanidad
La identidad de Tijuana. Una ciudad que nació como lugar de paso pero que creció como pocas ciudades en México.
El 30 de enero recibimos la visita de Claudia Sheinbaum aquí en Tijuana.
Vino a inaugurar el nuevo viaducto elevado, un proyecto muy costoso y tardado. Además rodeado de mucho drama: varios vecinos no estuvieron de acuerdo, sucedieron bastantes accidentes durante la construcción y ni siquiera está terminado al 100%.
Este viaducto está muy alejado de las áreas que suelo transitar. Para quienes desconocen este proyecto o la geografía de Tijuana, este tramo cumple con el propósito de conectar el aeropuerto y el cruce fronterizo con Playas de Tijuana.
A simple vista pareciera una muy buena idea. Claro que a todas las ciudades les beneficia mejorar el flujo de tránsito para recibir turismo.
El problema es que las playas que SÍ representan un ingreso considerable están más al sur, fuera de Tijuana. Y este nuevo viaducto, al conectar con la zona de Playas de Tijuana, también permite un acceso directo con la carretera que lleva a esas zonas turísticas que sí reciben una mayor cantidad de gente.
Desde su inicio, Tijuana no fue diseñada para que la gente se quedara, sino para que continuara su camino. Este nuevo viaducto no cambia nada de esa historia, de hecho, la refuerza.
La Tía Juana
Tijuana es una ciudad que floreció gracias al tránsito pasajero.
El mito cuenta que la Tía Juana ofrecía posada a quienes viajaban hacia Estados Unidos o México. Era el punto medio ideal para quienes decidieran cruzar y conocer San Diego o Los Ángeles, o para quienes quisieran aventurarse en las bonitas playas y paisajes de Baja California.
La ciudad creció rápidamente y se convirtió en Las Vegas antes de Las Vegas, un lugar donde había casinos y bares durante los años de ley seca en Estados Unidos. Tijuana se convirtió en un paraíso que ofrecía lujos hoteleros increíbles, un campo de golf de reconocimiento mundial, un casino enorme y un hipódromo, todo dentro del mismo resort Agua Caliente.
Como dato curioso, se cree que ese concepto de resort (hotel + casino) nació en esta ciudad. Mi ciudad.
El desarrollo urbano se tuvo que adaptar al creciente negocio hotelero y de apuestas.
Pasando los años de la ley seca, todo se tuvo que readaptar. Lo que quedó de Agua Caliente se convirtió en una escuela, y el casino se reinventó por completo y ahora es una marca presente en eventos deportivos de carácter mundial: Caliente.
Tijuana, con los años, se convirtió en una ciudad industrial. Empezó a recibir gente de todas partes del país (y del mundo) con intenciones de cruzar a Estados Unidos. Muchos no lo lograron y se instalaron aquí, formando la base obrera de los parques industriales que conforman el paisaje tijuanense.
De nuevo, Tijuana cumpliendo con su tarea de atender a quienes venían de paso, muy pocos realmente querían vivir aquí.
Los nuevos tijuanenses
Siendo una ciudad tan joven, es difícil encontrarse con personas mayores nacidas en Tijuana.
Apenas en años recientes comenzó a formarse una población considerable de personas nacidas en esta ciudad.
Ahora entre generaciones jóvenes ya se escucha más el: “Soy tijuanense”.
Ser tijuanense es algo que llena de orgullo a mucha gente, pero que es difícil de describir, y digo que es difícil porque en realidad nadie puede señalar las características que definen lo que es vivir y pertenecer en esta ciudad.
Decidí salir a las calles y preguntar: ¿Qué es ser tijuanense?
“Eso no existe.”
“Ser tijuanense es tomar de todo un poco. Somos una mezcla de todo el país, no tenemos identidad propia.”
“Estamos muy agringados, a veces siento que tenemos más en común con California que con otros estados del país.”
“Tijuana para muchos representa solo un lugar para vivir, un lugar donde dormir mientras en las mañanas uno va a hacer fila para cruzar al otro lado a trabajar.”
“No se puede ver con orgullo la identidad de Tijuana. Somos el producto de señores viciosos con mucho dinero. Una ciudad que se inventó para satisfacer placeres estadounidenses.”
“Es conocer del burro-cebra, saber qué es el Donkey Show, haber crecido en medio de la guerra contra el narco y ver muertos de vez en cuando.”
“¿Alguien realmente puede señalar qué características definen a la identidad de una ciudad? Para mí, eso requiere una investigación detallada. Y creo que el conflicto de identidad se puede observar en todas partes. Pero tampoco niego que Tijuana es un caso especial.”
Baja California, brazo poderoso
Verdaderamente es difícil poner en palabras lo que representa ser de esta ciudad.
Es muy frecuente escuchar las referencias locales, como el burro-cebra, el Donkey Show, la preparatoria federal, el minarete y Agua Caliente.
Pero, aunque sea difícil de expresar, sí existe y está muy presente el orgullo de pertenecer en esta parte de México. Los símbolos de la ciudad que apenas llevan pocos años existiendo ya representan íconos de la cultura popular tijuanense.
Y en mi opinión, quizás por nuestra ubicación algo alejada del resto de México y al mismo tiempo muy cerca de Estados Unidos, hay una sensación que nos distancia un poco de las culturas de ambos países y que nos obliga a combinar y crear lo nuestro, lo propio de Baja California.
Un estado lleno de rivalidades entre cada municipio, con extensas carreteras que nos alejan pero que no son excusa para no visitarnos y frecuentarnos.
Ser de la Baja es un conjunto de experiencias más personales y privadas:
Es estar en el malecón esperando encontrarse con alguien en quien no dejas de pensar mientras estás al pie de la bandera mexicana, sin compartir del todo la emoción que se vive en el sur.
Es hacer tus compras en un país extranjero, regresar y buscar dónde comer mientras se escucha Corazón Partido en la calle, con el sol escondiéndose poco a poco.
Unos minutos de nostalgia en la gran ciudad, en mi esquina de México, abajito de Estados Unidos. Una ciudad de paso donde yo quiero estar para siempre.






